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Un pestañeo de más...

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        Un pestañeo de más. Un pestañeo de más es todo lo que necesitas para perder el dulce placer del sueño. Con ese ínfimo y casi insignificante movimiento pasarás del apacible y reconfortante descanso que tanto ansías a la desesperanzadora vigilia del insomne.                   No se trata de la luz que se filtra por esas improvisadas cortinas hechas con sábanas de invierno, ni se trata del desagradable canto de una docena de gaviotas, ni de las obsesivas ganas de ir al baño cada veinte minutos porque quieres creer que es lo que no te deja caer dormido de nuevo. Ni siquiera es la sobredosis de calor que has ido acumulando cual dinamo dando vueltas y vueltas sobre la cama. No. Se trata de tu propia y maléfica mente. Aunque más que maléfica es compulsiva e inquieta. Porque… tras ese pestañeo de más, cuando por casualidad del destino te despiertas a las tres de la madrugada con ...

Las llamas de Vincent

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¿Has alargado alguna vez los dedos intentando alcanzar el límite de la realidad? ¿Intentaste quizás subir una montaña y te quedaste a sus pies, agotado, exhalando con cada suspiro toda la voluntad que tenías para escalarla? ¿Has dejado que tus dedos sientan el cosquilleo quejumbroso del futuro acercándose a ellos, justo a punto de tocarlos y de repente se te ha escapado? Es entonces cuando llegas a conocer una de las sensaciones más devastadoras que puedes conocer. No se trata sólo de frustración. No. Es como si ese milímetro que falta entre tus dedos y el futuro se llenara de tus sueños, y de repente lo atravesara una ligera brisa, tan leve que si soplaras con los labios de un moribundo, la vencerías. Pero llega, y sigue incansable su camino destruyendo todo lo que esperas con un leve gesto. Creo que esa es la sensación que hizo enloquecer a Vincent van Gogh, y que seguramente, frustrado por no poder alcanzar lo que él quería pintar en sus lienzos, hizo que el fuego y las llamas ...

Un par de horas.

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Empezar con un par de horas es una tarea difícil. Uno cree que no, que todo irá como la seda, pero la verdad llega cuando te encuentras a punto de comenzar , te mira incrédula y empieza a golpearte con un bate de béisbol con la palabra “procrastinar” grabada a fuego en la madera. No es fácil empezar ni vencerse a uno mismo cuando tratas con el trabajo duro. He de decir que la vagancia no es una facultad que se adquiera con los años, no. Yo ya era vago en todos mis recuerdos. No exactamente vago. Hacía cosas, pero siempre que me resultaran curiosas y de mi propio interés. Pero digamos que a la hora de estudiar, por ejemplo, era ese alumno (que no estudiante) que se leía las cosas en 10 minutos y sacaba entre un 7 y un 9 en el examen, pero que se conformaba con sacar un mísero 5. No puedo recordar cuántas veces escuché eso de: Tú puedes hacer más, pero no quieres. La verdad es que no sabía que quería hacerlo. De eso nos damos cuenta más tarde, cuando ciertas cosas se nos esc...