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La cañería del odio III: Final.

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La cañería del odio I La cañería del odio II El ruido de la cafetera mecánica soltando aire dentro de la leche para hacer espuma la despertó de su ensueño. Sus amigas seguían hablando animadamente en la mesa mientras se terminaban sus cafés y el suyo se enfriaba mientras tanto. Habían aprendido con el tiempo a dejarle tener esos minutos en los que su mente desaparecía por completo de la realidad. Habían pasado casi dos años desde que saliera caminando desnuda desde una casa ardiendo. Dos años desde que la encontraran así en la carretera y llamaran a la policía. Apenas un año y medio desde que metieron a su captor entre rejas. Tras aquello le había costado recuperar su vida. Más de lo que nadie se podría imaginar. Los meses sin querer ver a nadie, sin hablar, sin salir de su habitación en la que se quedaba mirando por la ventana durante horas interminables. Lo peor habría sido la mirada de aquellos que la conocían. Esa mirada en la que apenas podía reconocerse y que intentaba com...

La cañería del odio II

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           Se dice que el odio es un sentimiento explosivo, como la ira. De esos que atacan y te dan una cantidad de energía durante un cierto período de tiempo para luego arrebatártela y dejarte exhausta. Mirándolo de esa forma el odio podría ser muy parecido al café o las bebidas energéticas. La mayoría de la gente no soporta ese “subidón” que da el odio, ya que durante todo el tiempo que lo usas te hace sentir mal con el mundo y contigo misma. Sin embargo, ella no creía que el odio fuera un sentimiento tan volátil. Aquellos que lo compararan con el café apenas tenían una pequeña noción de lo que era el odio. Lo veían llegar y temiéndolo, lo dejaban irse con la misma rapidez. No habían sentido en ese tiempo lo suficiente para mantenerlo dentro de ti, para purificarlo, por así decirlo. El odio, tal y como ella lo veía, era como si el ser humano pudiera nutrirse de energía nuclear. Es dañino y lo sabes desde el principio, pero si co...

La cañería del odio I

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El sonido de las pulsaciones golpeando la sangre en sus oídos le hizo estremecerse una vez más. Sentía su corazón atravesándole la piel, rasgándola y filtrándose por los poros hasta que sentía como el sudor se enfriaba y goteaba en el ya de por sí húmedo suelo. Su cuerpo reaccionó antes de que se diera cuenta y se recostó contra la pared, tapándose en movimientos lentos con las dos mantas raídas que la acompañaban en la casi perpetua oscuridad. Consiguió taparse las piernas con una de ellas y utilizó la otra para cubrirse hasta el cuello. Entró en calor al instante, a pesar de los agujeros que plagaban ya las mantas. Pensó, durante un instante, que era posible que hubiera llegado el verano. Un segundo de más que la hizo sacudirse, como si tuviera un escalofrío. El verano ya no existía. Su mundo tenía muchas facetas, pero en ninguna había nada llamado verano. En cambio, lo que sí había en su mundo eran rejas de acero, los ratones escondidos, las dos comidas diarias sin nada de...