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La amarga ausencia de la estática.

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         930 millones de kilómetros más tarde y un poco más de esa insignificante distancia es lo que tardas en darte cuenta de ciertas cosas. Cuestiones a las que no les das importancia en un principio pero que ahora son o han dejado de ser parte de tu vida.                   Durante todo ese camino has estado un tanto despistado, como ausente, y por qué no decirlo: acojonado y más alerta que el perro de “Up” buscando ardillas.          Te has pasado ese tiempo dando saltitos de aquí para allá, hablando con la gente que permanecía lejos de ti siempre que podías, e intentando crear un nuevo mundo a tu alrededor que te diera un confort que, asumámoslo, nunca vas a recuperar del todo. Así que te has dedicado durante todo este camino a crear un equilibrio más que precario entre dos mundos a miles de kilómetros de distanci...

Autorelato

         Empecemos por lo evidente… Soy alto, no demasiado para parecer desgarbado, pero lo suficientemente desgarbado para ser alto. Y más me vale decir que soy delgado, intente comer lo que intente comer, hacer el deporte que haga, mi cuerpo parece decidir quemar toda esa energía y mantenerme en un peso precariamente saludable, pero con el que nunca estoy contento. Aun así me mantiene esbelto y si no hago el vago, fuerte. Soy rubio oscuro y castaño claro, o un color indefinible que varía dependiendo de lo largo que esté o la luz a la que se exponga. Tengo una buena dentadura, con alguna mella en las paletas, pero bien colocada y resistente a las brutalidades a la que la expongo. Mi nariz es grande, pero parece estar acompasada con mi cara y no crea un contraste demasiado grande, es recta, no muy estrecha ni muy ancha, y parece darme un aire de sabiduría que agradezco. Mis ojos son grandes (aunque mantenga la mirada entrecerrada para observar ...

Veo

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         Veo. Abro los ojos y veo. Ella me lo dijo: ves demasiado.          Podría mentirme, pero sé que es verdad. Por esa razón a veces no miro, no veo, no me atrevo, y así sonrío más tiempo, y me sonríen más. Hay personas a las que no les gusta ser vistas. Lo sé.          No se trata de buena vista. Sin mis gafas apenas soy capaz de ver un rostro a cinco pasos. Ojalá caminara mucho más tiempo sin gafas, así el mundo estaría lleno de sorpresas. Pero no. Veo. Y créeme, a veces no quieres ver.          No recuerdo cuando comenzó. Quizás siempre tuve buenos ojos. El caso es que camino, me deslizo entre la realidad y veo. A veces es muy fácil ver, a veces más difícil. Pero dame el tiempo suficiente y veré. Y una vez vea, puede que me canse, que se acabe el secreto, que me vaya. Pero habrá visto, y lo sabrás.    ...

Cerró la boca.

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         Cerró la boca porque era su padre, y pensó que su padre sabía más que ella y que su madre, y probablemente que sus hermanas y hermanos. Así que cuando él decía algo, los demás escuchaban y hacían lo que debían. Lo que no debían era estar molestando con “peros” o “y si...” que no llevaban a nada más que a una discusión acalorada y a un dolor de cabeza innecesario. Así que cerró la boca, miró a su madre y aprendió a pensar lo que debía pensar.                   Cerró la boca cuando sus maestros dijeron aquello de que era buena chica, muy lista para su edad, pero que para pagarle los estudios a ella deberían hacer un sobreesfuerzo y era mejor invertirlo en su hermano mayor, que ya tenía un puesto asegurado en una empresa, a pesar de que no era muy rápido de mollera. Que ella empezaba a ser lo bastante guapa para no necesitar estudiar, porque seguramente en...

Un pestañeo de más...

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        Un pestañeo de más. Un pestañeo de más es todo lo que necesitas para perder el dulce placer del sueño. Con ese ínfimo y casi insignificante movimiento pasarás del apacible y reconfortante descanso que tanto ansías a la desesperanzadora vigilia del insomne.                   No se trata de la luz que se filtra por esas improvisadas cortinas hechas con sábanas de invierno, ni se trata del desagradable canto de una docena de gaviotas, ni de las obsesivas ganas de ir al baño cada veinte minutos porque quieres creer que es lo que no te deja caer dormido de nuevo. Ni siquiera es la sobredosis de calor que has ido acumulando cual dinamo dando vueltas y vueltas sobre la cama. No. Se trata de tu propia y maléfica mente. Aunque más que maléfica es compulsiva e inquieta. Porque… tras ese pestañeo de más, cuando por casualidad del destino te despiertas a las tres de la madrugada con ...

Un ropero vacío.

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         Dime… ¿has sufrido tú alguna vez la agónica desesperación que recorre tu cuerpo al vaciar pieza a pieza un ropero hasta el final? ¿Lo has contemplado con tus ojos llorosos al ver la devastadora verdad que te ha mostrado? Pocas cosas hay más tristes que esa. El encontrarte en la difícil situación de tener que abandonar todo aquello que te define, que define tu propio hogar, tu forma de ser, tu pasado, para dar un salto al vacío y arriesgarse a empezar de nuevo.          ¿Pocas cosas hay más tristes? ¿En serio? Sí, en serio. Porque… ¿acaso no son todos esos momentos tristes, llenos de dolor y lágrimas, de gritos y maldiciones, un ropero vacío? ¿No es esa la amarga realidad que nos lleva a sentir como nuestro mundo comienza a desmoronarse a nuestro alrededor? Perdemos a alguien, contraemos una enfermedad, rompemos una amistad o una pareja, emigramos dejándolo todo atrás, dejamos de confiar en alguien cercano a ...

Sin puntos y aparte.

Relájate. Relájate y deja de pensar. Sé que no puedes controlarlo pero inténtalo de todas las formas posibles hasta que lo consigas. No me valen las excusas. Esas te las puedes meter por dónde te quepan. Si necesitas quitarte la camiseta hazlo, pero relájate. Por mí como si te quedas en pelotas. Vamos. Hay cosas que hacer. Tienes demasiadas en la cabeza. ¿Notas esa bola de nervios en el estómago? ¿Esa parte dura que se va formando en la boca del estómago? ¿Sí? Pues hay que bajarla. No escribas puntos y aparte. No tienen sentido. Sigue escribiendo. ¿De qué tienes miedo? Seguramente de todo. ¿De estar estancado? ¿Y quién demonios no tiene miedo de eso? Tú sigue. Quizás encuentres algo. ¿Algo que perdonar has dicho? ¿Para seguir adelante? No sé cómo se hace eso de perdonar. No olvido. Ni lo que he hecho yo ni lo que han hecho los demás. Olvidarlo sólo serviría para caer de nuevo en el mismo juego. ¿Dolor? ¿Rabia? ¡Claro que sí! ¡Estás vivo! La cuestión es cómo dejarlo atrás ¿no? No sirve...

La ventana de la línea 12.

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Hay un par de minutos de espera interminables desde que acabo de trabajar hasta que veo venir la querida guagua con el doce tan resplandeciente (a mí me parece resplandeciente, supongo que son las ganas de llegar a casa y quitarme el traje) en lo alto. En esos escasos minutos, si no me encuentro rodeado de mis compañeros me dedico a ejercitar la paciencia. Buscar la cartera en el fondo de la mochila, encontrar los cascos y rezar para que no se rompan al sacarlos quizás con demasiada fuerza, desenredarlos poco a poco, y rezar para que cierto programa de música online no se coma todos los megas de los datos del teléfono para tener música de allí a mi casa (me da pereza descargarla toda). Así que mientras intento una cosa y otra, los minutos pasan sin que apenas me dé cuenta de ello.          Finalmente se acerca la inconfundible mole de color amarillo que parece albergar todas mis esperanzas. Me adentro en ella, ya con la música resonando en mis ...